io y el adios al 2009

El año 2009 se acaba. Con sus cosas malas y sus cosas buenas. No hay que entristecerse porque se va, hay que alegrarse porque el 2010 será mejor. No cabe otra opción. Y no, yo no me quejo. Y mira que me gusta quejarme. Pero he descubierto hace poco que me encanta la nochevieja con sus uvas y sus tragos de champán con el anillo de oro dentro de la copa para intentar hacernos un poco más felices.

Intentad ser felices. Io, en cuanto me meta en la cama con ella en este nuevo año, seré lo más feliz que se puede ser. Aunque me levante para que estudie al llegar el alba. Lo mismo es.



¡Feliz 2010!

io y la deuda

Te debía un post. Siento haber tardado tanto. Da gusto perder apuestas contigo. Ja!




No te quejarás, ¿eh? Fiel a la realidad.

4u


Te lo dedico, pequeña. ¡Yeah!


Tu sonrisa. Cuando juegas conmigo pero me pones caritas para que io no juegue contigo. Tu vasto interno prohibido porque dices que te hace cosquillas pero yo no te oigo reír. Todos los kilómetros que haces por mí, por llevarme, por traerme, por verme, por hacerme la cena, por saber que llegarás y me besarás, por llevarme a trabajar, por llevarme al final de mi calle y empañar los cristales del coche al amanecer. Tus dedos, tu boca, tu lengua que para, que sigue, que para, que sigue, que me vuelven loca y hacen que los dos corazones vayan a mil. Tu culo con mi mano siempre buscándolo incansablemente. Tus cabreos que terminan metiéndote conmigo y yo dándote la razón y riéndome. Tus "Rita, sobre las rodillas nooooo. Mira que te lo tengo dicho blalblablabla". Tus comidas. Las de plato y de las que se comen con las manos. Tu sudor cristalizado en la frente después de correr una hora. Tu Adrián el Pelusa que, de vez en cuando, viene a verte. Tu reparto de la primitiva ganada ficticiamente (por ahora). Tu forma de perderte entre mis piernas abiertas al máximo. Tu bendito desorden. La manera que tienes de rascarte el brazo hasta llegar a la dermis mientras duermes. Tu "Liendre, ven" y Liendre va sin mirar quién deja atrás. Tu aparición a las 09:25 por la puerta del gmail. Tus besos y abracitos con los que me quedaría siempre. Cuando me miras inalterable a los ojos que me pone los pelos de gallina. Cuando me miras inalterable al escote que me pone los pelos de punta. Tu manera de dar clase que hace que me ponga a mil. Tu forma de darlo todo sin esperar nada a cambio. Cómo me desabrochas el tanga y me lo sacas tirando suavemente hacia ti. Tu "Esa está buena. Es mía. La otra fea pa' ti". Tu pelo ensortijado deslizándose entre mis dedos mientras te cojo. Tus mazapanes, tus chorizos y tus visitas en Nochebuena. Tus jadeos. Tu polo de Desigual verde, con escote, dos corchetes en el pecho. Mejor sin él. Tus notas dejadas en mi iTouch. Tus besos dulces con sabor a Colgate y tu lengua húmeda moviéndose rítmicamente dentro de mi boca. Tu Óscar calentito y de diseño como tú y io. Tu salmón. Tus bragas en mi cajón. Tu Spirou :oD y tu Petite Spirou. Tus miles de mails de mi bandeja de entrada. Tu "Single ladies" que hace que sólo quiera vértelo repetir una y otra vez hasta el final de los días. Tu forma de cogerme la mano mientras te vas quedando dormida y buscas un hueco entre mis pechos para acurrucarte. Tu envío de fotos sugerentes. Tu manera de follarme bocarriba, bocabajo, de lado, sentada o haciendo el pino. Tu olor en mi ropa.

Este post es por ti, Spirou. Para ti.


No es el qué si no el dónde.

io y la aventura

Hoy ha sonado el "pi, pi" del despertador de mi notanamada pda a las seis y cuarto. A las seis y cuarto. Me he levantado como un rayo.

Quien bien me conoce sabe que soy de las que suelo poner el despertador a las siete y que suene durante cinco minutos hasta las ocho y diez que es la hora en la que consigo levantarme.

He corrido a la ducha y me he deleitado con una lluvia de agua hirviendo durante 4 minutos.

Quien bien me conoce sabe que soy de las que suele deleitarse con una lluvia de agua hirviendo durante no menos de 15 minutos.

He salido corriendo de la ducha, me he puesto mona (con la ropa preparada del día anterior), todo conjuntado y me he secado el pelo intentándolo dejar armoniosamente.

Quien bien me conoce sabe que si me ducho por la mañana ni de coña me seco el pelo y mucho menos me preparo la ropa el día anterior.

He cogido el tupper con las croquetas que mi madre me dejó preparadas la noche anterior y he salido zumbando por la puerta a las siete menos cuarto de la mañana.

Quien bien me conoce sabe que mi madre me prepara el tupper por las mañanas y me hace la comida mientras me visto.

He salido de casa y he cruzado el paso de cebra muy deprisa.

Quien bien me conoce sabe que según salgo de casa giro a la izquierda para ir a la parada del bus al ralentí.

He andando 150 metros (o 300 porque yo, como los tíos, no sé medir) a paso ligero. He sacado las llaves del bolsillo y he apretado el botón. "Clic". He puesto la antena y me he montado.

Quien bien me conoce sabe que de media espero cinco minutos a subirme al bus.

He intentado quitar la barra de seguridad del coche y no he sido capaz. Cinco minutos después y dos dedos semi fracturados, lo he conseguido. Las siete menos cinco de la mañana. Me he puesto las lentillas como he podido y me he puesto el cinturón de seguridad.

Quien bien me conoce sabe que nunca me pongo las lentillas antes de llegar al trabajo o, directamente, ni me las pongo en todo el día.

He arrancado el coche y he intentado bajarme las pulsaciones. No, no me he tocado. He puesto "Mi primer cd" grabado por mí para la ocasión.

Quien bien me conoce sabe que nunca había cogido el coche sola y menos a esas horas cuando ni siquiera sabía que están puestas las calles.

He metido segunda y relajadamente he hecho inspiraciones. Rumbo al trabajo a las siete menos dos minutos de la mañana.

Quien bien me conoce sabe que suelo llegar al trabajo un pelín tarde (sí, una hora y media es pelín), como a las nueve y media cuando tengo que entrar a las ocho.

He llegado a la nacional sin que nadie me pitara ni me diera las largas y más fácilmente de lo que esperaba por los nervios. Incluso me oía cantar pero concentrada mirando a los espejos.

Quien bien me conoce sabe que es montarme en un coche y perder la noción del tiempo, del espacio y hasta de como me llamo. Soy una marmota automovilística. En el asiento del copiloto, eso sí.

Me ha pillado atasco y he salido de la nacional donde hay una cuesta arriba impresionante con un semáforo arriba del todo. Me ha pillado en rojo. Un viejo se me ha puesto justo detrás pegadito. ¿Este señor no ve que llevo la L? Como me vaya para atrás cuando se ponga el disco en rojo, nos vamos a reír.

Quien bien me conoce sabe que es una de mis angustias: las cuestas arriba.

Lo he hecho fenomenal. Un triunfo. Las siete y dieciséis de la mañana. He llegado al temible parking del trabajo a las siete y veintiuno. Se han abierto las dos barreras y ya estaba dentro.

Quien bien me conoce sabe que para mí las siete y veintiuno no es más que el tercer sueño desde la primera vez que suena mi despertador usualmente.

Había dos coches en un parking para cuarenta coches. He llegado la tercera. Pero, ¿quién iba a saber que se me iba a dar tan bien que he entrado en el parking a la primera, he aparcado a la primera, que he llegado a la primera (eso no que sé llegar perfectamente? Pues sí, quien bien me conoce.

¿Y para qué llegar al trabajo media hora dos horas antes, ducharme a las seis de la mañana, ponerme un pantalón ajustado, coger el coche al alba y quién sabe cómo será la vuelta?

Para que la Spirou no reniegue esta noche de mis brazos. Ni de que la invite a una cena caliente.

¿Podía haber algo mejor?

io, la poeta

Las hojas de los árboles han dejado de caer una a una para hacerlo todas de golpe. Oigo el viendo ulular desde mi habitación y mientras pienso en el frío que hace fuera, cojo el borde del nórdico y lo coloco justo debajo de mi barbilla. No soporto que ninguna tela tape los agujeros de mi nariz. El aire que ha de pasar a través de ellos tiene que ser fresco si no, una sensación de agobio se apodera de mí.

Flavia me mira mientras oigo una y otra vez la canción de Happy Ending de Mika. "This is the way that we love like it's forever..." Es una de esas canciones en la que nunca te fijas hasta que, sin querer, te recuerda a algo o a alguien. Una llamada inesperada una mañana de verano que te hace despertarte sobresaltada. Una completa equivocación al cantarla. Una risa a medianoche. Pasa el tiempo y sólo tú le das sentido a cada estrofa, a cada nota. Sólo te pertenece a ti.

La vida está llena de señales. Me gusta hacer doble click en el icono del Microsoft Word y, al abrirse una hoja en blanco, aparecer siempre él. El símbolo. Llenando la impoluta hoja. Abriéndola y cerrándola. Como ella. Acaparándolo todo. Su símbolo, su pavito, aquel perro hecho de alambre por el que pagó dos euros a un señor bajo la enorme cúpula del Sacre Cœur donde las gárgolas posaban para la cámara mientras me enseñaba a encuadrar, la música de su móvil y las últimas bragas que me dejó. No quiere montarse en mi coche nuevo. Lo entiendo. Ni yo misma lo haría a veces.

Hoy he vuelto a coger el coche. Mi madre ha cogido menos veces la agarradera del techo y yo he sentido más calor en él. Ya no es ese coche desconocido que me juega malas pasadas porque no entiendo dónde está la marcha atrás (será que yo nunca utilicé esa práctica) y suena como un toro. Es que mi coche es un toro. Y yo sin saberlo. Menos mal que siempre hay un Pepito Grillo que me hace ver las cosas de las formas que son y no como las deformo yo. Qué suerte tengo de tener tantos bichos en mi vida.

El otoño ha llegado a su fin y a mí no me ha dado tiempo a despedirme.

This is the way that we love like it's forever...

io y el "alea jacta est"

Hoy he montado en el autobús que me llevaba al intercambiador y me he parado a pensar que menos mal que había echado la Primitiva en el último momento porque con la suerte que tengo seguro que no la echo y "me toca" Os imagináis? Creo que me daría algo. A la Spirou ni se lo diría porque, aparte de dejarme, me mataría lentamente para que sufriera.

Iba pensando ensimismada, cuando de repente me ha pasado algo que nunca había ocurrido. Por mi escepticismo, básicamente: me he puesto a pensar qué haría con él. Nunca había sido capaz de pensarlo y lo he hecho sin darme cuenta. La verdad es que lo primero que se me ha pasado por la cabeza es cómo se lo diría a la Spirou. De primeras pensé en dejarlo sobre una mesa y decirle que lo mirara. Luego pensé en envolverlo y regalárselo. Pero volviendo a la mala suerte, seguro que lo rompía. Así que decidí envolverle una fotocopia. Pero ia no iba a ser lo mismo así que mi decisión fue coger un periódico, sección pisos y redondear con rotulador rojo unos cuantos. En el centro, donde a ella le gusta como el que vimos el otro día. Caros. Pero en el centro y, luego, sin dejarle de mirar a los ojos y temblarme las manos, decírselo a media voz. Me imaginaba su cara perfectamente. Incredulidad - pasar de mí - sorpresa - alegría infinita - pedirle por favor que dejara de botar.

Un instante después estaba pensando qué haría con mis padres. A mi madre le pondría una pensión vitalicia para que nunca tuviera que preocuparse si algún día falta mi padre, les regalaría todos los viajes que ellos quisieran. Nunca les faltaría de nada. De mis padres salté a mis hermanos. A Barriguitas le haría una transferencia poniéndole que es para él pero no le diría que es de mi parte. No tendrían más problemas. A mi hermano Ojitos le daría una buena entrada para una casa donde ellos quisieran. Con Oveja Negra me ha costado más decidirme. Por algo se llama así en mi blog. Decidí saldarle todas las deudas con la condición de traer a Quinto de vuelta (a la otra también, claro). A Ornitólogo no le hace falta pero le daría porque también se lo merece. Y luego les pagaría un viaje a todo el mundo. Juntos. En verano. A la playa. En España. Mi familia no es de extranjero como io. Cuando nos imaginaba todos juntos en la playa, sonrientes, felices, un frenazo me ha hecho caer en la cuenta de que había llegado a mi parada.

Me he apeado, he sacado mi iTouch del bolsillo del abrigo y me he puesto a postear. Quién sabe si mañana iré a buscar a la Pequeña Spirou con un periódico bajo el brazo.

Alea jacta est.

flavia y las buenas nuevas

Sigo enganchada al Farmville del Facebook. Ya tengo 56.000 puntos y no me queda apenas dinero pero io sigo jugando día sí y día también. Estoy viciada aunque ia no tengo la necesidad de ganarle a todos mis contactos. Eso ia ocurrió hace dos semanas. Ahora lo que hago es poner mi granja bonita: con sus animalitos con su espacio, mis casas puestas en orden, los árboles todos bien colocaditos. Me he puesto hasta una de esas señales que aparecen en el campo por obra de los extraterrestres.

Y dejando esta introducción os vengo a contar que no soy la única que se ha viciado al dichoso juego. Bueno, no cuento a la mitad de la blogosfera, ni a mi propia novia que debe soñar con arándanos y zanahorias, ni al Capitán Miketa que tiene un Auswitch de pollos o a Super López que tiene una selva. No. Me refería a alguien que habita conmigo en mi casa. Muy cercano. No, no es mi madre. Bastante tiene ia con lo suyo. Ni mi padre al que le fascina el botón de neón de mi ordenador y cada vez que pasa lo tiene que pulsar. No. Es Flavia. Flavia se me ha aficionado a la granja. Se me ha vuelto una perra granjera. Con sus virtudes y sus defectos.



Ahí la tenéis durmiendo de pie sobre sus hortalizas. No se despega de ellas ni un momento. Día y noche guardándolas y comprobando si han salido. También podéis comprobar cómo le llega la barrigota al suelo. Barre con ella.

Pero las mayores pruebas de que ella es granjera, que se pasa día y noche pensando en zanahorias, naranjas y pimientos, que ara, siembra, recoge incansable son estas dos fotos:



Como podéis comprobar Flavia es toda una perra granjera que tiene hasta su propia pala para plantar sus pinos! Cada mañana cuando me levanto para ir al trabajo ia la veo con la pala ¿al hombro? directa a la huerta. Y cuando retorno, ella sigue recogiendo la siembra:



¡Se me trae la naranja una a una en la boca para que las disfrutemos!

Lo cierto es que no os estoy contando toda la verdad. Flavia, en realidad, no sólo nos trae a mis progenitores y a mí la recolecta de la huerta. Se la trae a alguien más que no os he comentado. Ya somos siete más en la familia. Blogger no me deja poner una foto de todos juntitos en el blogger para que la veáis así que la subo a megaupload para que la disfrutéis:

Fotillo de los peques :)